El desafío de vivir solo

18 Dic

La cantidad de hogares unipersonales crece a gran ritmo en el mundo y en la Argentina casi alcanza los 6 millones. El valor de la independencia, los neosolteros y otras formas de entender la soledad

Cada vez hay más singles. En diferentes formatos y por distintos motivos, aquellos que viven sin compañía han despertado siempre un interés especial: cuando los hijos se van de la casa familiar puede aparecer el síndrome del nido vacío, y cuando no se van y tienen más de 30, algunos padres recurren a cualquier artimaña para invitar a los chicos a independizarse. De sobra se ha ocupado de esto la ficción: Soltero en casa, Tanguy, El nido vacío y Sex & the city, entre otras emblemáticas ficciones, retrataron en la mayoría de los casos en tono de comedia las peripecias de la vida de a uno…

Lo cierto es que el aumento de hogares unipersonales es una tendencia que crece en todo el mundo. Los jóvenes (y no tanto) descubren en su independencia del hogar paterno un gran valor (siempre que el bolsillo lo permita). Y así lo demuestran los números. En total, más de dos millones de personas viven solas en nuestro país, según el último censo de 2010 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Y la cifra va en aumento y representa el 5,5 por ciento de los hogares, un número mayor al de 2001, cuando el porcentaje de hogares unipersonales era del 4,4.

A su vez, más de medio millón de hombres y mujeres argentinos que viven solos tienen entre 25 y 44 años. Éste es el grupo que más llama la atención, con un perfil socioeconómico alto, que los impulsa a darse múltiples gustos: viajar, ocuparse de su estética, comprarse ropa, estar al día con las novedades electrónicas, dedicar más tiempo al trabajo, vivir más libres que sus congéneres en pareja.

El mercado inmobiliario refleja también este fenómeno: “En los últimos años ha aumentado sustancialmente la población de viviendas unifamiliar”, confirma Néstor Walenten, Presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina. “La mayoría de las construcciones en los últimos cinco o seis años son departamentos pequeños de uno o dos ambientes.”

“Vivo sola hace seis meses, pero me quiero mudar hace como dos años. Cuando cumplí 30 sentí que estaba lista para hacerlo. Siempre digo que en casa me pusieron por la izquierda y me sacaron por la derecha: nunca pagué una cuenta, llegaba de la quinta, dejaba mi bolso con la ropa sucia y al otro día estaba desarmado con todo lavado, planchado y doblado en el placard. La cama a la mañana no la hacía nunca. Era como vivir en un palacio, era una reina”, piensa hoy Candelaria Camargo (33).

La soltería pasados los 30 tiene una nueva connotación, en la que los beneficios están a la vista de todos. Ser solterona o vestir santos se convirtieron en estados obsoletos, y la soledad, en su sentido más amplio, aparece revalorizada en la sociedad globalizada del siglo XXI.

Ante todo hay que tener en cuenta que no es lo mismo vivir solo que estar o sentirse solo. “La soledad nos abarca a todos: nacemos solos, morimos solos, vivimos acompañados”, describe la psicoanalista Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional. “El proyecto de las personas que hoy eligen estar solas, que ahora yo creo que es por igual varones y mujeres, tiene que ver con ser dueños de su tiempo, ponerle todo el empuje posible al desarrollo personal, no negociar horarios ni vacaciones, lo cual no quiere decir que vivir solo sea estar solo. Porque hay soledades en compañía”, sentencia. “El mundo está lleno de parejas que se comunican mal o que no se comunican. Asimismo hay personas solas que tienen una gran capacidad de conexión social, llenas de amigos, de proyectos, de viajes, de salidas, de deportes. Entonces la soledad es un sentimiento en realidad que para algunas personas es un pesar y para otras es una liberación”, remata la especialista que también es titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)

En su libro La habitación vacía, la abogada norteamericana Emily White aborda el tema de la soledad como un trastorno tan serio como la depresión, aunque de hecho se trate de algo diferente. White, que describe el paso hacia los hogares de una sola persona como el rasgo demográfico más importante del siglo XX, sufre la soledad como una enfermedad que la ha acompañado a lo largo de su vida. A pesar de ser una profesional exitosa, en sus líneas transmite una tristeza que en nada se parece al modo de vivir de los neosolteros.

“Cuando uno aprende a disfrutar de la soledad como un encuentro con uno es un espacio para crear, proyectar, pensar. Es importante estar bien con uno mismo para poder vincularse con otros”, reflexiona la licenciada Felisa Senderovsky, coordinadora del Área Científica de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires e integrante de APBA Asistencia.

Algo parecido cuenta Agustín Lago (24), publicista, que ni bien habitó su departamento de dos ambientes con vista al río, en Beccar, pintó un mural con un león de 4×2,5 metros sobre una pared absolutamente blanca. “Yo tenía la salida del cable lista para enchufar un televisor y en ningún momento quise comprarme uno. Así puedo pensar desde qué voy a hacer mañana hasta algo que me preocupa. La soledad sirve mucho para pensar.”

Es como un estado mental, emocional, no depende necesariamente de la presencia física de algún otro, sino de nuestro estado de conciencia. “Es una condición subjetiva que no necesariamente debería asociarse a la pesadumbre o la tristeza o a estados depresivos. Por el contrario, puede ser una condición de potencialidad creativa, de espacios para generar realizaciones propias”, coincide la socióloga Marcela Alicia Fumiére, coordinadora de la Comisión de Desarrollo Humano del Consejo de Profesionales en Sociología.

Vida digital y en comunidad.

El tema de la evolución tecnológica es controversial. Si bien son innegables los beneficios que trae para la vida actual, tiene como contracara un alto grado de responsabilidad en un nuevo modo de comunicarse. Poder estar conectados casi instantáneamente con cualquier punto del globo o tener una conversación por Skype con webcam incluida son situaciones que están casi tan naturalizadas que es difícil recordar la comunicación en una época anterior. ¿Será que cada vez estamos más conectados, pero menos comunicados?

A propósito, Guillermo Velázquez observa que la tecnología afecta muchísimo. “Trabajar desde la casa alimenta esta cuestión. Antes para ver una buena película tenías que ir al cine, hoy no. El uso del espacio público se restringe no sólo en lo laboral, sino también en lo recreativo”.

Pero, claro, bien manejada la tecnología es una excelente compañía. “Es un portal al universo que nos puede permitir ir a los mejores museos del mundo, conocer ciudades, cine, literatura”, rescata Guraieb. Y se suma a la alerta sobre su uso excesivo: “La tecno adicción es un cuadro muy agudo de dependencia donde prácticamente la persona se despersonaliza en el sentido de que no busca fomentar un vínculo, sino que se enajena teniendo muchos amigos a los que no conoce. En ese sentido, si se la usa para una desconexión profunda del ser es negativo”, explica.

Curioso caso para esta era digital, con la cultura audiovisual en su apogeo, es el regreso de una modalidad antigua para encontrar pareja, y dejar de ser solamente uno: la cita a ciegas. Quien intente presentar a un par de amigos singles podrá comprobar que los candidatos ya se ocuparon de facebookearse para chequear si a simple vista valía la pena la salida.

“Hoy, sentarse a dialogar a ciegas durante una hora con una persona es mucho más una experiencia que antes. Por eso una de las cosas que más me inquietó cuando supe que Cupido volvía era cómo darle verosimilitud ahora a una cita a ciegas”, reconoce Franco Torchia, conductor y guionista de este ciclo que hizo furor por Much Music y que volvió en septiembre último a la pantalla por TBS. Cien personas, muy jóvenes, atrevidas, se inscriben por día desde América latina para participar de una experiencia que se proclama en contra de las apariencias y a favor del corazón.

 

La tendencia en el mundo.

  • El fenómeno social del aumento de hogares unipersonales se expande por diferentes países. El número de personas que viven solas a nivel mundial pasó de 153 millones en 1996 a 277 millones en 2011, según la organización Euromonitor International. Es decir que en quince años surgieron 124 millones de nuevos hogares unipersonales en el mundo, lo que da un promedio anual por encima de los ocho millones.
  • Actualmente hay cinco millones de personas de entre 18 y 34 años que viven solas en los Estados Unidos. Esta cifra aumentó diez veces desde 1950 hasta hoy. Aunque la mayor cantidad de gente que vive sola es de mediana edad: quince millones de personas de entre 35 y 64 años, según el sociólogo Eric Klinenberg, autor del libro Going Solo. The Extraordinary Rise and Surprising Appeal of Living Alone (Vivir solo: El extraordinario auge y el sorprendente atractivo de vivir solos). En total más de 32 millones de estadounidenses viven solos, más que los 27,2 millones de 2000 y los 31 millones de 2010, según el último informe de censo norteamericano.
  • Una cuarta parte de los hogares de Canadá está ahora compuesto por un solo individuo. En el Reino Unido, la gente que vive sola representa al menos el 32 por ciento de todos los hogares, según escribe Emily White en The Empty Room. A Memoir (La habitación vacía). Además, el aumento más importante se da entre personas menores de 65 años. Y la cifra de los que tienen entre 25 y 44 años y viven solos se ha triplicado en los últimos veinte años, mientras que en los Estados Unidos los que tienen menos de 65 años representan el 65 por ciento de hogares de una sola persona.
  • El primer puesto en este ranking de hogares unipersonales es para Estocolomo, Suecia, que cuenta con más del 60 por ciento de hogares para uno. Mientras en Noruega, el número de quienes no conviven es del 40 por ciento.
  • En Japón, en el 31,5 por ciento de todos los hogares en 2011 vivía una persona sola. También manifiesta una clara tendencia en alza, ya que en 2001 el porcentaje era del 27,9 por ciento.
  • En Francia, según un informe de 2011 del Instituto Nacional de Estudios Demográficos, una de cada siete personas vive sola. Este porcentaje creció en los últimos 50 años. Pasó de 6 por ciento en 1962 a 14 por ciento en 2007, es decir que creció más del doble. Y en París, más de la mitad de las viviendas tienen un único habitante, sin importar que sea la ciudad de los enamorados.
  • En Chile, del año 2003 al 2010, la cantidad de personas que viven solas aumentó en un 30 por ciento, según datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen). Representan el 2,7 por ciento de la población, con un total de 452.581 personas, mientras que en 2006 la cifra era de 351.255 (2,2 por ciento) y en el año 2003 era de 335.926 (2,1 por ciento).

Por María Luján Francos  | Para LA NACION

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: