La “patria inquilina”.

17 Mar

Clarin.com | Walter Ochoa tiene 26 años, está a punto de convertirse en abogado y da los primeros pasos de su carrera en un estudio jurídico. Obsesivamente, todos los días revisa los portales web de oferta inmobiliaria y se llena de desazón: “No llego”, siente, piensa, dice. Walter quiere irse del departamento en el que convive con sus padres y su hermano menor: “Estoy bien acá, pero a esta altura y ya trabajando en mi profesión, quisiera estar mejor en otro lado pero la plata no alcanza”, explica. Su situación es la de muchos jóvenes que por la diferencia entre sus ingresos y el costo de independizarse no pueden emprender el viaje hacia la vida autónoma.

En la ciudad de Buenos Aires, según la Encuesta Anual de Hogares de 2009, el 78 por ciento de la población residde en hogares de no más de 3 personas, y el 30 por ciento vive en hogares unipersonales. En ese porcentaje significativo tienen un peso importante los ancianos que se han separado o han enviudado y que disfrutan de una esperanza de vida cada vez mayor. Entre los más jóvenes, sin embargo, la emancipación llega cada vez más tarde: la convivencia de pareja –que ya no viene indefectiblemente acompañada del matrimonio– se retrasó con respecto a décadas anteriores, los salarios no siempre alcanzan y además se produce el fenómeno llamado “adolescencia en la adultez”.

Estos tres procesos derivan en que la mudanza de los jóvenes de clase media esté cada vez más cerca de cumplir 30 que de los 20. “Casi indefectiblemente los chicos alquilan cuando se van de sus hogares, en lugar de comprar. En el censo 2001 había menos inquilinos que en 2010; esto tiene que ver sin duda con la falta de crédito”, explica Néstor Wallenten, presidente de la Cámara Inmboliaria Argentina (CIA). Según estadísticas elaboradas por la entidad, en el año 2000 se otorgaron más de 23 mil créditos hipotecarios, y en 2010 fueron apenas 7 mil, menos de la tercera parte.

“Cuando compran, en la mayoría de los casos cuentan con ayuda de la familia, porque los créditos son muy difíciles de obtener y sólo cubren el 70 por ciento del costo total; para pagar una cuota de 4.500 ó 5.000 pesos se necesita acreditar un ingreso de unos 12.000 pesos, ¿qué joven puede demostrar ese salario?”, analiza Wallenten. No es el caso de Walter, que percibe un poco más de 5 mil pesos mensuales, ni de Mariana Silvestri, de 28 años, que es diseñadora de imagen y sonido y realiza trabajos free-lance. “Antes pensaba en irme a vivir sola pero como no tengo ingresos fijos, no puedo confiarme; tal vez la solución sea mudarme con una amiga”, cuenta Mariana.

Convivir con un amigo o con una pareja implica repartir los gastos: alquiler, expensas, impuestos, incluso la comida. Aunque las expensas son el primer gasto que los jóvenes quieren evitar: “No hay mucha oferta en las grandes ciudades, pero la preferencia de los que recién se van de su casa son los PH porque se ahorran gastos; sin embargo, suelen terminar en monoambientes o en dos ambientes si son al menos dos personas”, detalla Wallenten.

La economía no es el único obstáculo a la hora de abandonar el hogar de toda la vida. Según el psicólogo norteamericano Jeffrey Arnett, existe una “adultez emergente” que “surge porque los jóvenes adoptan más tardíamente los roles adultos de trabajo estable, casamiento y paternidad”. La psicóloga argentina Graciela Moreschi aclara en su libro Adolescentes eternos que “sólo las familias con disponibilidad económica pueden prolongar la adolescencia de los hijos”, por lo que se trata de un fenómeno de la clase media alta que puede cubrir los gastos de los chicos mientras desarrollan sus estudios de grado, o incluso posteriores.

Víctor Oldani, de 31 años, y Mariela Kutz, de 29, conviven desde hace dos años en un departamento de dos ambientes, en Almagro: “Soñamos el sueño de la casa propia, sí, pero los intereses del banco nos despertaron como de un cachetazo”, cuenta él. Son parte de la gran patria inquilina conformada por 343 mil hogares en la ciudad de Buenos Aires, que consulta el portal inmobiliario con intenciones de tener su ladrillo y se repite “No llego”.

Por Julieta Roffo

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Una respuesta to “La “patria inquilina”.”

  1. ana maria 18/03/2012 a 6:25 am #

    Soy Ana María, tengo 55 años mi marido 56 y dos hijos uno de 26 y otro de 22, no solo el problema es para los jovenes, en nuestro caso todos trabajamos, y no tenemos vivienda propia, a nuestra edad ya es imposible conseguir un credito, ademas no podríamos pagar una cuota de $5000 y no nos queda otra que alquilar pero tampoco nos resulta fácil ya que no tenemos ninguna ley que nos proteja, tenemos que aceptar lo que nos pidan, hasta hace unos años por lo menos algunos impuestos como el ABL le correspondía pagarlo al dueño, ahora tenemos que ademas de pagar unos alquileres altisimos tenemos que pagar todos los impuestos y ademas en un contrato de dos años el primero es un monto y en el segundo tenemos que aceptar un aumento del 20% que es una locura, pero no tenemos opción o pagamos los que nos piden o nos vamos a vivir a una plaza, nadie se ocupa de la gran cantidad de personas que tenemos que vivir mudandonos a cada rato para poder bajar los costos!!!!! con todos los gastos que esto implica, 2 meses de comisión mas 2 meses de deposito mas 1 mes adelantado llegamos a cifras sumamente altas, no se adonde llegaremos estamos totalmente desprotejidos y nadie en este gobierno se preocupa por las miles de personas que tenemos que pasar por esto año a año, bueno supongo que quería contar que estos problemas no solo los tienen los jovenes sino también las personas grandes!!!! gracias

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